

Por: Oscar Rodríguez E
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El rock, las drogas y el sexo fueron las imágenes de libertad que los Estados Unidos utilizó contra la URSS y su marxismo, para destruir su sociedad verdaderamente basada en reglas, pero con ello sembró las semillas de su propia destrucción, que aún están actuando.
Durante la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética estaban involucrados en una intensa competencia ideológica, política y militar. En este contexto, elementos culturales como la música rock, la contracultura de los años 60 y 70, y la liberalización de las normas sociales jugaron un papel importante en el desarrollo de una identidad cultural estadounidense que se oponía a los valores más conservadores y autoritarios asociados con el comunismo soviético.
La cultura del rock y el movimiento hippie, por ejemplo, promovieron valores de libertad, individualismo y rechazo a la autoridad, lo cual era un contraste directo con las ideologías comunistas que enfatizaban la colectividad y el control estatal y fueron utilizados como herramientas para promover el «sueño americano» y mostrar a la sociedad occidental como vibrante y deseable en comparación con la imagen rígida de la URSS.
Los líderes soviéticos respondieron con una estrategia de control cultural y político. Implementaron políticas para limitar la influencia de productos culturales occidentales, como el rock y el cine. Además, promovieron valores tradicionales y socialistas a través de su propia propaganda, destacando la disciplina y el colectivismo como pilares de su sociedad. También fomentaron la creación de música y arte que reflejara los ideales soviéticos, intentando contrarrestar la atracción de la cultura occidental.
Sin embargo, los servicios de espionaje de Estados Unidos encontró impunemente formas de acceder a lo interno de la sociedad soviética con estas influencias malsanas y difundirlas como si fuera algo espontaneo de la población soviética, lo que complicó los esfuerzos de los dirigentes.
Sin embargo estas políticas culturales estadounidenses utilizadas durante la Guerra Fría también tuvieron o impactos profundos negativos dentro de su sociedad y de su gente. El énfasis en el individualismo, el consumo masivo y la libertad de expresión, inicialmente estrategias para contrarrestar lo que llamaban sistemas autoritarios externos, profundizó fallas internas norteamericanas, como la fragmentación social, el aumento de la percepción de la desigualdad y debates sobre valores colectivos. A lo interno de USA dieron lugar a movimientos que cuestionaron el orden establecido, con efectos duraderos en temas como política, educación y cohesión social.
Movimientos como la lucha por los derechos civiles, el feminismo y las demandas por libertad personal y expresión sentaron nuevas bases para debates actuales sobre inclusión, igualdad y justicia social. Además, el cuestionamiento de las instituciones y la búsqueda de alternativas culturales promovidas en aquella época aún están presentes en las tensiones políticas y sociales actuales.
Inclusive las comunas hippies de gran resonancia en esa época aunque disminuidas permanecen, mientras que otras han dado paso a nuevas formas de comunidades alternativas. Entre ellas tenemos The Farm, en Tennessee, fundada en los años 70. Esta comunidad sigue activa y se centra en la sostenibilidad, la vida comunitaria y la espiritualidad. Ofrecen talleres ecológicos y promueven un estilo de vida autosuficiente, por lo tanto no capitalista. También, movimientos como la Rainbow Family han mantenido vivo el espíritu hippie, organizando reuniones anuales en parques nacionales para celebrar la paz, la naturaleza y la comunidad.
Aunque estas comunas (no son como las de aquí) han cambiado con el tiempo, atraen a quienes buscan una vida alternativa, si se quiere anticapitalista, a pesar de los sistemáticos esfuerzos gubernamentales por desacreditarlas.
Este legado, aunque evoluciona, sigue impactando en la forma en que la sociedad estadounidense aborda sus dinámicas internas.
La «victoria» del Rock, las drogas y el sexo sobre el comunismo tuvo derivaciones inesperadas, y en un efecto boomerang están insertas todavía como formas anticapitalistas en el hoy de los Estados Unidos.
Ahora Estados Unidos ataca al mundo con su inmenso poder físico.