
Jorge Rachid
Las palabras contienen significados, crean contenidos en el imaginario, impactan en la conciencia colectiva, poseen capacidad de generar esperanzas, rumbos, caminos a recorrer, tan sólo con ser pronunciadas o por lo contrario, escondidas o maltratadas sin razón, por intereses diversos.
Cada una de ellas expresa contenidos diferentes, que por momentos de la vida política, son confundidas, mezcladas o enterradas, en función de objetivos estratégicos. Palabras enunciadas en función de determinados tiempos democráticos, ignoradas en otros y vueltas a aparecer en campañas electorales. Las mismas palabras en interpretaciones diferentes, según el contexto.
ENEMIGO es una palabra desaparecida desde 1983 al inicio del proceso democrático, ya que la experiencia dramática de la dictadura militar, hacía aparecer como improbable la admisión de la misma, por parte de las fuerzas políticas democráticas, como cualquier apertura o admisión a los planes de dominación, que siempre ejerció el Imperio norteamericano sobre Latinoamérica.
La historia demostró lo errado del planteo: el enemigo siempre juega sus cartas, a través de las élites de poder oligárquicas locales, perseverando en su intento de colonización, en especial después de haber colocado un candado al desarrollo pleno de la democracia como expresión del pueblo, cuando a través del Consenso de Washington impuso al Mercado como ordenador social, amputando todo tipo de avance en políticas estratégicas soberanas en los sistemas solidarios de salud, educación y seguridad social.
Se dejó de mencionar al enemigo como expresión política indicativa de los peligros que pueden sobrevenir sobre la Patria, lo cual permitió un avance sin obstáculos, de la cultura dominante neoliberal, que fue transformada, naturalizada por las nuevas generaciones, lo cual permitió después su penetración económica y luego institucional, como vivimos en la etapa actual, de la mano de una sumisión absoluta al Imperio Unipolar de EEUU/Israel/Inglaterra/OTAN , francos operadores de las políticas desplegadas por el Gobierno actual.
CONSENSO fue la palabra introducida como un todo de la política, necesario para apuntalar el proceso democrático en curso, lo cual la convirtió en el paradigma de las diferentes etapas, de signos opuestos, sin llegar a valorar las fuerzas democráticas, los intereses ocultos detrás de determinadas propuestas, que lejos de ser patrióticas, son colonizadas. Ejemplo de eso es el cumplimiento estricto del Consenso, en lo económico, que repite sus ciclos cuando la claudicación nacional se produce, en una clara demostración de la falta de voluntad política y la debilidad ideológica que acompañan estos 41 años de democracia limitada. Se llega al Gobierno para modificar la realidad injusta, cambiarla, no para acompañarla en nombre de los consensos con el poder real.
La pregunta es entonces: consenso con quienes se puede y cuáles son los límites del mismo, frente a fuerzas que predican la claudicación colonizada de la Patria, ya que de hacerlo, estarían las corrientes democráticas favoreciendo los planes del enemigo. El consenso se puede dar sólo con partidos, agrupaciones, sectores sociales que no reciban financiamientos, ni instrucciones de EEUU como sucede en la actualidad, sometiendo al Pueblo argentino a un ajuste doloroso innecesario, como parte de la fragmentación nacional a los fines del saqueo patrimonial del país. Consenso en definitiva sólo puede darse en el marco de la defensa irrestricta de la soberanía patria.
UNIDAD es la palabra de más difícil comprensión unívoca. Ya que su mención convoca a diferentes interpretaciones por parte de quienes la emiten, en el mismo campo nacional y popular. La Unidad se puede dar como en la etapa actual por la confrontación con el Gobierno, que ha demostrado ser parte del enemigo. La pregunta es si alcanza ese dato de la realidad, para construir alternativa al mismo, con objetivos comunes de Patria. La otra Unidad débil es la del armado de las listas electorales, que se ejecutan con una ingeniería de tiempo limitado, como es la participación de sectores en las mismas, con objetivos y motivaciones que responden a sectores, agrupaciones, ámbitos que se posicionan electoralmente, desde miradas, que sin ser discutidas previamente, llevan a la diáspora parlamentaria o de gestión posterior. Así se debilitan los ejes estratégicos del movimiento nacional y popular, que lejos de ser expresados en su dimensión ideológica, aparecen después como políticas lavadas, apagadas y sin poder generar esperanzas al conjunto del pueblo.
Si el peronismo se transforma en un partido del sistema y deja de ser movimiento nacional, disrruptivo y transformador de una realidad que duele, en cualquier ámbito que se evalúe de la vida nacional. El peronismo en su esencia, es la capacidad de transformar la realidad, no de acompañarla y menos aún, cuando la etapa está tallada por los planes del enemigo. Enfrentarla con capacidad, convicción de vencer y voluntad de lucha, es una hipoteca pendiente, ya que ni siquiera en la etapa feliz de Néstor y Cristina, alcanzó para solidificar un modelo estructural, que derrotando al neoliberalismo, hoy anarco libertario, un simple cambio de uniforme del enemigo, pudiese construir un modelo social solidario como intentó, pero no pudo concluir estructuralmente.
Identificar los contenidos de la palabras, incorporarlas según nuestra propia mirada, darles la estructura correcta de interpretación patriótica, nos puede reconciliar con nuestros sueños, utopías, valores y determinaciones de lucha con objetivos estratégicos de Justicia Social e Independencia Económica que sea la base de la Soberanía en las decisiones, hacia la construcción social- Esta construcción sólo puede realizarse en términos de Comunidad Organizada, instituyente, con poder de decisión, que transforme al Pueblo en protagonista permanente de las políticas emanadas de su voluntad soberana, expresada, en una democracia sin limitaciones y con un Estado al servicio de los intereses del conjunto de los argentinos.
Jorge Rachid
CABA, 4 de abril de 2025